Sistemas de construcción romanos: arcos, bóvedas y cúpulas.

Los romanos fueron los primeros constructores de Europa, y quizá también del mundo, que supieron apreciar completamente las ventajas del arco, la bóveda y la cúpula. El arco y la bóveda de cañón se habían usado con anterioridad en Egipto y Mesopotamia. En el caso de las cúpulas de arcilla, parece que se construyeron desde fechas muy antiguas en el Oriente Próximo. Los griegos, aunque entraron desde muy pronto en contacto con el Nilo y sin desconocer el Éufrates, no experimentaron hasta las conquistas de Alejandro interés alguno por unos métodos que les eran lejanos. La bóveda aún se empleaba en Mesopotamia en época helenística, al igual que el ladrillo cocido.
La bóveda se empleó en considerable medida en centros de la Siria occidental, como Antiodídima, aunque apenas había evidencias en Siria y Asia Menor de que la bóveda estuviera implantada antes de que los arquitectos romanos la llevasen. Sufrió algunos procesos en Asia Menor sobre todo durante la época helenística en sitios como en las puertas de la ciudad de Acarnania (s.V a.C.) o en Priene hacia el 300 a.C. En Italia, el arco y la auténtica bóveda aparecieron en la transición del siglo VI al V a.C. En el caso de Egipto las bóvedas eran de ladrillo secado al sol. Las más antiguas que se conocen hechas en piedra datan de alrededor del 700 a.C. En Mesopotamia las bóvedas fueron siempre de ladrillo, secado al sol o cocido.
Más tarde, los romanos vieron que el ladrillo cocido u otros métodos no eran los más manejables para sus construcciones. Sin embargo, en el hormigón encontraron un medio ideal. Era barato, pues sus mejores ingredientes abundaban en Italia; era económico, pues absorbía todo el sobrante de la albañilería; era incomparablemente fuerte  y evitaba todas las dificultades del labrado de la piedra.  Comenzó a utilizarse por los romanos a partir del siglo II a.C. y apareció como un material sin duda nuevo y revolucionario.
El hormigón romano quizás se viera influido por la técnica del tapial (capas de tierra apisonada), de la que tenemos alguna evidencia literaria, pero lo más probable es que se desarrollase, en lo fundamental, a partir de una antigua técnica ampliamente difundida: el empleo, entre compactos paramentos de piedra, una mezcla de ripio y barro. La novedad esencial consiste en la sustitución del barro por mortero de cal obtenido, y en los mejores trabajos romanos, de polvo volcánico.
Él método consistía en echar capas de piedra troceada (caementa) o ladrillos rotos, y rellenar cada una con mortero líquido que penetraba en ella solidificándola. El problema radica cuando el material está aún líquido o semilíquido. Se necesitaba una cimbra de madera para mantener la forma que se deseaba del material.
Los ejemplos más antiguos e importantes de hormigón en la ciudad de Roma son los templos de la Concordia y Cástor, de finales del siglo II a.C.
Las caras internas de las bóvedas se recubrían a veces de una capa de tejas, sencilla o doble, colocadas de plano.
El ladrillo entró en el mundo greco-romano procedente de Mesopotamia y su utilización para el revestimiento de los muros se hizo más popular bajo el Imperio, en la época de Augusto. Hasta el reinado de Nerón, a mediados del siglo I d.C., los ladrillos eran normalmente tejas cortadas y desbastadas por una cara; a partir de ese momento comenzaron a ser fabricados a propósito en forma de triángulo rectángulo. Por la misma época encontramos hiladas de refuerzo a base de grandes tejas.
Actualmente, los cambios en el material de relleno y el ladrillo constituyen una aportación para la datación de los edificios. Algunos de estos fenómenos reflejan acontecimientos históricos; en los años que siguieron al incendio de Nerón en el 64 d.C., por ejemplo, el hormigón aparece lleno de fragmentos de los edificios incendiados.
En el siglo II a.C. encontramos una actividad sin precedentes en la construcción de arcos de sillería en los puentes y acueductos. Eran con frecuencia adintelados, y casi siempre de curva circular. Las cúpulas y las bóvedas, en cambio, tienen otros tipos de curva pero nunca la forma gótica apuntada.

 

Artículo hecho por: Cristina Fernández Marín (Futura Arqueóloga), dueña del blog Domus Sapientiae.
Bibliografia utilizada: D.S. Robertson, Arquitectura Griega y Romana. Ediciones Cátedra, 1998.
About these ads
Esta entrada fue publicada en Arqueologia, Historia Antigua y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Sistemas de construcción romanos: arcos, bóvedas y cúpulas.

  1. Clementina dijo:

    Desearía saber si los bloques de marmol van pegados con alguna pasta o simplemente colocados unos encima de otros, y la misma pregunta para las columnas. Grcias

    • Hola clementina. Siento no haber podido responder antes. Los bloques de piedra van unidos con una argamasa pero ademas llevan introducidos como unos clavos a modo de grapas que sirven para mantener unidos los bloques. Sobretodo este sistema de union lo encontramos en los arcos y bovedas, que tenian mayor dificultad de mantenerse ligados unos bloques con otros. De hecho, en muchos monumentos ha quedado esta huella que no es otra que multiples agujeros en los bloques. Hay que pensar que estas piedras estaban recubiertas en la mayoria de casos de marmol, paneles de marmol que seguian la forma y que daban un resultado mucho mas artistico.
      Un saludo:-)

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s