Una cueva descubierta de manera fortuita

Una cantera de roca caliza explotada por la empresa Campesa alberga el tercer yacimiento localizado en Becerreá por los científicos que trabajan en el proyecto de investigación de los poblamientos paleolíticos del sur lucense que coordina la Universidade de Santiago desde el 2006. Un equipo dirigido por el arqueólogo Manuel Vaquero está tratando actualmente de determinar la potencialidad de este yacimiento, situado en las proximidades de la cueva de Valdavara, en la que se han realizado importantes hallazgos en los últimos años.
El nuevo yacimiento, denominado Valdavara III, presenta una estructura muy diferente de la de todos los que se han estudiado hasta ahora en Galicia. Se parece mucho a la de los yacimientos más famosos de la sierra de Atapuerca -los de la Trinchera del Ferrocarril-, pero aún no se sabe lo que puede dar de sí. El yacimiento consiste en una cueva totalmente rellena de sedimentos, que una voladura realizada en la cantera puso al descubierto de manera fortuita el año pasado. La explosión reveló la existencia en este lugar de notables restos paleontológicos y arqueológicos, pero al mismo tiempo destruyó una gran parte de la cavidad. Lo que se está estudiando ahora es lo que queda de ella. «Creemos que lo que queda en pie es precisamente el fondo de la caverna, es decir, la parte más alejada de la zona donde posiblemente estuvo la entrada», señala Vaquero.
La voladura cortó de arriba a abajo el terreno como si fuese una tarta, creando un precipicio de dieciséis metros de altura. Esta pared vertical muestra ahora un corte transversal del interior de la cueva, en el que pueden apreciarse dos grandes columnas de sedimento -separados por una gruesa formación estalactítica- que llegan hasta el techo de la cavidad. Los arqueólogos están trabajando precisamente sobre el techo de la caverna, perforando la roca caliza para alcanzar la parte superior de este depósito de sedimentos. Este procedimiento, según explica Manuel Vaquero, «es el más sencillo y rápido que puede emplearse ahora para determinar la riqueza que puede contener el yacimiento, porque para trabajar directamente en el corte del terreno habría que estabilizar mejor la pared y montar grandes andamios, lo que complicaría mucho las cosas».
Lo que interesa ahora a los investigadores es la parte más alta del depósito de sedimento, que según sus cálculos es la que podría contener fósiles o restos arqueológicos, en caso de que estos existan. «Ya examinamos las capas inferiores del depósito y vimos que no contienen restos de ningún tipo, seguramente porque se formaron en una época muy antigua en la que la cueva estuvo totalmente cerrada», dice el arqueólogo.
La excavación ya supera los 2,5 metros de profundidad y el trabajo continuará hasta fin de mes. Vaquero espera que para entonces se sabrá ya si merece o no la pena seguir estudiando este yacimiento. «Si llegamos a unos cinco metros de profundidad y aún no ha aparecido nada, será difícil que encontremos algo de interés más abajo», apunta a este respecto.
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