El mayor yacimiento de hachas de gran tamaño de Europa, en As Neves

Una demostración de machos para atraer a sus parejas, un taller de producción continua o un lugar de reserva para cuando el clima obligara a regresar. Incluso puede que una especie de carpintería de la que solo quedaran las herramientas. Muchas posibilidades, pero lo cierto es que todavía se desconoce el motivo de que en la zona de Portomaior, en As Neves, apareciera al mayor conjunto de hachas de gran tamaño de Europa. Pero ahí están. O estaban.                                                                                 En realidad se descubrieron por casualidad en el 2006 cuando se realizaban obras de movimientos de tierras en la zona de la estación del ferrocarril del municipio de O Condado. Entonces empezaron a aparecer útiles de piedra tallados que hicieron que el vecino Manuel Ledo diera la voz de alarma a los arqueólogos.                 Pese a las peticiones que se formalizaron ante la Xunta desde diferentes agrupaciones para realizar una excavación, finalmente el departamento de Patrimonio solo autorizó la retirada del material que había quedado al descubierto. El resto de la zona abierta se cubrió, puesto que los primeros expolios amenazaban con hacer desaparecer el importante hallazgo. El experto Eduardo Méndez, desde el Instituto de Estudios Miñoranos, ha sido uno de los encargados de estudiar este conjunto de grandes bifaces. «Las normales rondan los 15 o 17 centímetros pero estas superan ampliamente los 20 o llegan a los 30. Además no es un caso aislado, es un conjunto muy grande, de más de cien piezas», apunta el arqueólogo. De momento desconocen de que época exacta es el hombre que se encargó de tallar todas las piezas retiradas, unas 400. Las únicas pruebas que se han hecho, de luminiscencia estimulada, apuntan a que como poco tendrán 100.000 años. «Lo cierto es que esperamos que sea más antiguo que los restos encontrados en Arbo, así que podrían convertirse en una referencia del Paleolítico a nivel gallego», recuerda Eduardo Méndez.
En comparación con el encontrado en el vecino municipio, sí tienen en común el buen estado de conservación. De ahí se explica que, pese a que las hachas tienen filos y puntas muy finas, muchas de las piezas están intactas. El hecho de que los dos concellos se encuentren a orillas del río Miño no es casualidad. Todos los expertos apuntan a la facilidad de estudiar restos arqueológicos en las distintas terrazas que se forman en las orillas. Precisamente los útiles fabricados en la zona proceden de cuarcitas del río, que tienen una calidad excepcional y ha permitido que las herramientas sean de gran tamaño y no haya habido dificultad para tallarla. «Abordar una investigación sería muy importante para estudiar como eran los primeros ocupantes de Galicia y como ha evolucionado a lo largo del tiempo. Esperamos encontrar indicios de que el primer habitante llegó a la comunidad hace medio millón de años», apunta el arqueólogo. Por eso tienen la esperanza de obtener el visto bueno de la Xunta para poder realizar una excavación en la zona el próximo verano.
La arqueóloga gondomareña aporta algunas claves para entender mejor cómo era la vida en el Paleolítico Inferior en la siguiente entrevista.  Rosa Villar Quinteiro es una de las grandes prehistoriadoras especialista en el Paleolítico gallego, el primer estadio de la humanidad. Tuvo la suerte, como dice ella, de excavar el yacimiento de Porto Maior en As Neves, el de mayor antigüedad de toda Galicia, datado en algo más de 300.000 años de antigüedad.
-¿Por qué se ha estudiado poco el Paleolítico en Galicia?
-Porque se centraban en lo más evidente, los castros y las mámoas. La investigación del Paleolítico no tiene más de treinta o cuarenta años en Galicia.
-¿Hay estructuras en este período?
-Es complicado. Por ejemplo, en algunos yacimientos de la Meseta, como Torralba o Ambrona, se puede distinguir alguna área de actividad en cuanto a señalizarlos como un cazadero, pero es muy complicado y muy difícil. Al ser yacimientos al aire libre, es muy compleja la interpretación actual porque tras miles de años transcurridos, los procesos erosivos naturales provocaron que la disposición original de los restos se perdiese. Si hubo área de actividad, se ha perdido.
-¿Antropológicamente, en quién debemos pensar?
-En esta etapa, en torno a los 300.000 años, estamos hablando de neandertales. El Sapiens no llega hasta el 50.000 o 40.000.
-¿Qué relación tenían con su entorno?
-Eran grupos no muy numerosos, sociedades muy atomizadas, con gran movilidad, ya que recorrían territorios muy amplios. Normalmente, los parámetros que orientaban la conducta de estos grupos eran la necesidad de alimentación, la búsqueda de materias primas para construir sus herramientas, cabañas (que las tendrían aunque fueran temporales), agua, buenas vías de comunicación para moverse y la existencia de lugares para cobijarse. Así, en el Baixo Miño, a partir de Arbo, encontramos terrazas plagadas de restos a partir de los 300.000 años. Es de suponer que eso no se debió a un solo grupo sino que posiblemente, a lo largo de miles de años, fue un territorio frecuentado de forma periódica y sistemática por estos grupos, que eran unos precarios cazadores, más carroñeros que cazadores. Acudían a la zona de terrazas del río porque allí siempre se localizan buena materia prima para tallar sus hachas y era una zona de agua y pesca.
-Budiño era el yacimiento de referencia para este período en Galicia. ¿Sigue siendo así?
-Galicia ha vivido a la sombra de Budiño como único yacimiento de proyección europea, pero creo que por suerte ha cambiado. El mismo Emiliano Aguirre, excavador de Budiño y padre de Atapuerca, admitió en el 2006 que en los últimos años hay otros yacimientos que pueden aclarar e incluso superar lo aportado por Budiño. Fue muy importante porque acalló a quienes decían que en Galicia no había Paleolítico.
-¿Y qué pasa con los yacimientos costeros?
-Es otro tema recurrente, la constante llamada a la presencia de industrias paleolíticas antiguas en la costa desde A Guarda hasta Viana. Son industrias dispersas que aparecen en playas y acantilados según contexto y de las que se han escrito cantidad de folios tratando de dar una explicación seria. Se le han atribuido ya todas las fases posibles. Hoy se admite que son industrias mezcladas pero en las que también se incluyen piezas del Paleolítico Inferior que demuestran que la costa fue también frecuentada desde los 300.000 años. Algunas piezas, no exactamente las mismas, que encontramos en las terrazas del Miño, las puedes encontrar en la costa; pocas, no en la misma frecuencia, pero sí se pueden encontrar, junto a otras más modernas.
Fuente de información: La voz de Galicia, entrevista REHA
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