La atlántida de los museos

Enfundados en un traje de buceo o desde una embarcación con fondo de cristal, se pueden contemplar auténticas obras de arte sumergidas en las aguas. Es el Museo Subacuático de Arte de Cancún, una experiencia innovadora.
Rodeadas de vida marina e iluminadas con las diversas tonalidades de los rayos solares, yacen sumergidas en el mar varias colecciones permanentes de esculturas, obras artísticas y verdaderas antigüedades históricas en diferentes partes del mundo, que van desde el Caribe mexicano, las costas mediterráneas de Israel y Turquía, hasta el río chino Yangtsé.
Dada su gran extensión (8,000 hectáreas), la lista de museos sumergidos queda encabezada por el Museo Subacuático de Arte (MUSA), ubicado en las aguas que rodean el Parque Marino Nacional de Cancún, Islas Mujeres y Punta Nizuc (México).
Se trata de un espacio escultórico subacuático, constituido por varias exposiciones que albergan más de cuatrocientas esculturas de tamaño real, realizadas por el artista Jason deCaires Taylor, también fundador y director artístico de este museo mexicano, que actualmente está abierto al público.
El Parque Marino de Cancún, dirigido por Jaime González Cano, es uno de los sitios más visitados a nivel mundial, con más de 750.000 turistas anualmente, lo que ha provocado un inmenso impacto ecológico negativo sobre la zona, especialmente sobre los arrecifes coralinos. A su vez, el Parque ha sufrido daños severos por las tormentas tropicales y huracanes.
Es por ello que, con la colocación permanente de las esculturas, se pretende crear espacios de arrecifes artificiales que sirvan de alternativas para los arrecifes naturales, con lo que podrán tener tiempo para regenerarse y desarrollarse.                                                                                                    El Museo persigue también otros objetivos, tales como “la promoción y renovación de la imagen de Cancún, al igual que el incremento del valor de los tours de esnórquel y buceo en la zona. Por último, la difusión y fomento de la cultura y las artes, tanto en el mar como en centros de visitantes”, revela a EFE Roberto Díaz Abraham, presidente del MUSA. Las esculturas están construidas a base de cemento, el material que más parecido guarda con los arrecifes naturales y el que no altera el ecosistema marino. Para los modelos, se hizo una selección extensa de personas que proyectaran distintas facetas de la vida.
Como se puede visualizar en las fotografías realizadas por deCaires Taylor, la colección “Evolución silenciosa”, con sus cuatrocientas esculturas, comprende desde “Rosario, una monja de 85 años, hasta Santiago, un niño de tres años, con varias ocupaciones representadas en todo el mundo, entre las que se incluyen un contador, instructor de yoga, pescador, estudiante, acróbata, carpintero y guardaparques”, nos detalla el artista.
Una vez sumergidas las piezas en las aguas claras y pocas profundas para permitir un acceso fácil para los buzos, practicantes de esnórquel y tripulantes de embarcaciones con fondo de vidrio, se insertan los corales necesarios.
La apariencia de las esculturas no sólo cambiará con el efecto que producen los rayos del sol sobre el agua, sino también con el crecimiento coralino y el desarrollo de la vida marina en estos arrecifes artificiales.
“Lo más importante es que toda la vida marina empiece a adoptar las instalaciones esculturales. Un ejemplo muy sorprendente es el caso de un cardumen de peces Ángel, que ya no se había visto en nuestra zona arrecifal”, afirma Díaz.
Hasta el momento, las obras artísticas, nos comenta deCaires Taylor, “han tenido un éxito significativo, pues ha generado interés en los turistas y ha mostrado un inmediato crecimiento coralino exponencial”.                                          En las mismas aguas caribeñas, el artista instaló, en mayo del 2006, estructuras artificiales similares en el Parque Marino de Granada, ubicado en la bahía de Moilinere, una zona ubicada en la costa este de la isla que fue anteriormente arrasada por el huracán Iván en 2004 y Emily en 2005.
RUINAS DE ALEJANDRÍA
Ahora viajando hacia el mar Mediterráneo, en la misma categoría de instituciones culturales sumergidas, resalta el Museo Arqueológico Subacuático de Alejandría, en el norte de Egipto, el cual será diseñado por el arquitecto francés Jacques Rougerie, quien tiene pautado culminarlo para 2014.
En Egipto, el faro de Alejandría y el palacio de Cleopatra fueron engullidos por el mar en el siglo XIV a causa de una serie de sismos. Hoy, yacen a una profundidad de 6 a 8 metros en las aguas de la bahía de Alejandría”, precisa la UNESCO sobre el Patrimonio Cultural Subacuático.
El proyecto del Museo constará de dos partes: un espacio de exposición fuera del agua y un área subacuática. “La edificación estará provista de túneles que se adentrarán en la bahía, lo que permitirá mostrar estatuas en vitrinas transparentes llenas de agua”, afirma Rougerie.
Un túnel conducirá a la sección submarina del Museo, la cual estará conformada por una cámara circular acuática donde una escenografía mostrará los restos de las ciudades antiguas y sumergidas. A su vez, el público podrá visualizar el trabajo de los arqueólogos marinos “in situ” bajo la bahía a través de satélites exteriores.
El arquitecto sostiene que “éste será el primer museo en el mundo en trasladar a sus visitantes bajo el mar para que sean testigos de las ruinas de la civilización antigua en su estado original”.
INSCRIPCIONES CHINAS
Hasta en el continente asiático, podemos encontrar uno de estos curiosos sitios bajo el agua, con sus puertas ya abiertas al público; el Museo Subacuático de Baiheliang, un sitio arqueológico ubicado en Chongqing (al centro de China), quedó sumergido bajo las aguas del embalse de las Tres Gargantas, tras ser construido hace apenas unos años.
Se trata de un promontorio rocoso donde están grabadas las inscripciones hidrológicas en piedra más antiguas del mundo, en las que quedaron registradas, a lo largo de 1.200 años, las variaciones del nivel de las aguas del río Yangtzé, las cosechas y los títulos de los miembros de la dinastía Tang.
Antes de la construcción del embalse, el promontorio quedaba cubierto en las épocas de crecida de las aguas, pero visible en las de estiaje, lo que permitía apreciar las figuras de peces grabados en la piedra y las inscripciones.
“Para proteger el sitio, las autoridades chinas decidieron cubrirlo con un receptáculo en forma de arco, protegido por el agua. Además, se han construidos dos túneles subacuáticos desde las orillas que permiten al público visitar el sitio y contemplar las inscripciones a través de los cristales de protección”, detalla la UNESCO.

 



 

Fuente de información: www.vanguardia.com.mx
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