6.000 años nos contemplan en el Museo de Santa Cruz de Toledo

El Museo de Santa Cruz de Toledo, el más visitado de Castilla-La Mancha, expone dentro de su recién inaugurada colección permanente piezas arqueológicas únicas que “hablan” al visitante y le acercan a la huella que a lo largo de la provincia han dejado civilizaciones que vivieron hace miles de años.
Los arqueólogos que han hallado, en excavaciones en La Sagra y en Talavera de la Reina, dos de las piezas excepcionales que expone el Santa Cruz han conversado con Efe sobre las emociones que sintieron al ser los primeros en encontrar estos objetos elaborados miles de años atrás y ocultos hasta ese instante.
La primera de estas dos piezas, por orden cronológico, es un conjunto de fragmentos de una vasija del Neolítico junto a un dibujo de lo que fue una contundente y hermosa vasija antropomorfa elaborada hace 6.600 años.
Se trata de una pieza del Neolítico, única en España y practicamente en toda Europa, salvo alguna excepción similar en la zona de Los Balcanes.
El arqueólogo Juan Manuel Rojas lleva 25 años de trayectoria profesional y fue su equipo el que encontró hace siete años este conjunto de fragmentos muy cerca de la localidad de Yuncos, en la comarca de La Sagra, el mismo sitio donde ahora se levanta un polígono industrial.
El propio Rojas ha hecho el dibujo que está en la vitrina del Museo para que el visitante pueda identificar la pieza y comprender mejor los fragmentos expuestos, un dibujo de lo que pudo ser aquella vasija con elementos de un rostro humano de hace 6.600 años.
Los arqueólogos no identificaron esos fragmentos “in situ” sino en el laboratorio, al desprender el barro adosado durante miles de años a la pieza: “fue ahí cuando lo vimos y la sorpresa fue muy agradable, sobre todo por lo que significa haber encontrado esta vasija única en la Península”, ha explicado Rojas.                                           Apenas se conservan unos pocos fragmentos de lo que fue una pieza que pudo medir 80 centímetros de altura, pero el equipo de arqueólogos identificó rápido lo qué tenían ante ellos: una vasija de tamaño considerable, con cuello estrecho con relieve acordonado y elementos de una cara neolítica (una ceja y parte de nariz y boca). “Los fragmentos sueltos no dicen nada pero forman parte de una gran vasija cilíndrica que pensamos, además, que tiene relación con la maternidad, la fecundidad y la madre tierra“, ha añadido este arqueólogo.
La vasija se realizó con barro y con espigas completas de trigo como aglutinante, para dar solidez a la pieza, y puesto que no estaban “sobrados” de trigo, los arqueólogos sostienen que guarda relación con la maternidad y el depósito del grano de trigo como simiente para la cosecha siguiente.
Unos pasos más allá en la exposición permanente del Museo de Santa Cruz hay una estatua de bronce de Hércules hallada en abril de 1996 en una excavación en Talavera de la Reina, en un solar próximo al río Tajo que hoy es el número 10 de la calle de San Clemente de la antigua Caesaróbriga, el nombre romano de Talavera.                                                                          La estatua tiene poco más de medio metro de altura, pesa nueve kilogramos y a finales de la pasada década recorrió numerosos Museos dentro de la exposición sobre el legado de Roma que organizó el Ministerio de Cultura.
Este Hércules fue hallado por los arqueólogos César Pacheco y Alberto Moraleda junto a una escultura de una pierna femenina de tamaño natural, calzada con sandalia, que también está expuesta en el Museo, a su lado.
“Lo primero fue ponernos nerviosos -recuerda Pacheco-, tomamos las medidas pertinentes para que no se deteriora, lo medimos e incluso rodamos un vídeo. Llegaba la hora de comer, a mediodia, y recuerdo que Alberto y yo nos estuvimos turnando. Estuvimos haciendo guardia junto al bronce hasta que, ya por la tarde, sacamos las dos piezas”.
Pacheco habla de la “gran emoción” que sintieron al “empezar a ver” en la excavación algo de bronce “que parecía un rostro” y que se presentó ante ellos cubierto de las costras que se adhieren al bronce con el paso de los siglos. Han transcurrido más de catorce años desde aquel momento.
El Hércules de edad madura, desnudo, peinado con rizos recogidos por una cinta y con barba larga y rizada está datado en la primera mitad del siglo II.
Cada arqueólogo tiene sus preferencias a la hora de responder qué es lo “emocionante” de su profesión, pero ambos han coincidido en que importa el vínculo que en la excavación se establece con otro momento, otras cultura y, sobre todo, otros hombres.
En este sentido, Juan Manuel Rojas asegura que “importa el significado, lo que hay detrás, para qué se usaba quién lo hizo, su decoración..”.
César Pacheco, en cambio, se siente más ligado al “contenido humano” de su labor, a la excavación de fosas que permite “reconfortar y paliar el dolor” de muchos familiares.
Y Rojas resume que “lo que resulta más atractivo es el momento en que tú, después de siglos, eres la primera persona que lo encuentra“.
El Museo de Santa Cruz de Toledo ha recibido alrededor de 190.000 visitantes desde que comenzó 2010 y tiene una media de 17.000 visitas cada mes.
Fuente de información: ABC
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