Evolución del patrimonio cultural

Entre un artículo y otro que estoy redactando para dos revistas: Ex Novo y Pyrenae, me he tomado la libertad de hacer un artículo sobre el concepto de patrimonio cultural y su evolución a lo largo de la historia, tomando como referencia un artículo de Josué Llull Peñalba que colgó mi profesora de arte en el campus virtual de la UB. Lo resumí y lo estudié para el examen y dado que me resultó un tema interesante, aquí quiero compartirlo.
Bien, ¿qué entendemos por patrimonio cultural? Según el autor del artículo, Josué, se puede definir como el conjunto de manifestaciones u objetos nacidos de la producción humana, que una sociedad ha recibido como herencia histórica y que constituyen elementos significativos de su identidad como pueblo. Constituyen testimonios importantes del progreso de la civilización y ejercen una función para toda la sociedad. El valor que se les atribuye va más allá de su antigüedad.
Durante la Antigüedad, el significado de patrimonio estaba estrechamente relacionado con la riqueza personal. Había elementos obtenidos a través de intercambios comerciales y viajes, pero sobre todo se conseguían como recompensa, como botín de guerra. Así, las campañas bélicas se convirtieron en una de las principales fuentes de adquisición de objetos con valor. En esta época, podemos entender que patrimonio es sinónimo de posesión y su valor se mide en términos de dinero.
Hay que añadir que el expolio que se efectúa lo hace con aquellos objetos de calidad, característicos por su rareza o por haber sido fabricados con metales preciosos. El aspecto estético queda menospreciado y lo que cuenta es el material con el que está hecho.
Los objetos obtenidos como botin de guerra podían tener cuatro posibles destinos:
– Su destrucción o fundición con el fin de extraer el oro, la plata y las piedras preciosas.
– Su comercialización para obtener a cambio dinero líquido.
– Su reutilización, sobre todo como objetos de uso cotidiano como telas o de uso práctico como las armas.
– Su traslado a los templos o palacios de los monarcas vencedores.
Para este último destino se reservaban las mejores piezas que quedaban almacenadas sin ningún tipo de respeto u orden, sino que eran amontonadas al azar. Su disfrute era individual y privado y su accesibilidad limitada.
Durante el periodo helenístico, los reyes de la dinastía Atálida de Pérgamo fueron los primeros que se plantearon almacenar los tesoros de un modo diferente. Acumulaban los objetos en función de su valor artístico por encima de su valor económico. Apreciamos que es un periodo donde se refleja un interés hacia los vestigios de la Grecia Clásica y donde se desarrollaron las primeras campañas arqueológicas que se conocen, aproximadamente en el año 210 a.C.
Los restos de la civilización griega también atrajeron la atención de los romanos, quienes acumularon una gran cantidad de obras de arte que procedían de aquellos territorios que habían sido conquistados. Inclusive, se encargó a artistas que hicieran miles de copias sobre estas obras artísticas. Así, el Imperialismo romano provocó dos cosas: el enriquecimiento material por la adquisición de estos tesoros y la asimilacion de estos elementos en su propia cultura.   El patrimonio pasó a tener una función pedagógica y a ser un modelo referencial.
La difusión de los modelos griegos tuvo como consecuencia una mayor consciencia social hacia los bienes culturales. De hecho, ya en época henelística se planteó exponer públicamente alguno de estos objetos. En Roma, por ejemplo, Julio César exhibió su colecciónde obras de arte en el Capitolio. Evidentemente, este tipo de acciones tenían un carácter de propaganda política pero gracias a ello el arte salió de las cámaras de tesoros para acercarse al pueblo.
El mundo grecorromano continuó siendo el modelo de referencia cultural a lo largo de la Edad Media. La asimilación por parte del cristianismo de elementos culturales clásicos sirvió de enlace entre pasado y presente. Esta vinculación fue muy evidente en Roma, donde se había establecido la sede de la Iglesia. La moda de tener objetos de valor se extendió a la clase privilegiada y se crearon las denominadas Cámaras de las Maravillas, donde se almacenaban rarezas y cosas preciosas. Por ejemplo, la colección del rey Carlos V fue una de las más valiosas de finales de la Edad Media.
La especialización artística se produjo en el Renacimiento. Ningún monarca renunció a la idea de formar una vasta colección de pintura para hacerse valer ante el mundo como hombre culto y protector de las artes. Luis XIV de Francia fue un ejemplo de ello.
Sin embargo, lo más significativo de esta afición fue el cambio de mentalidad hacia una mayor valoración de los bienes patrimoniales. Los monumentos del pasado empezaron a ser apreciados como testimonios de la Historia. A nivel estético siguieron apreciándose los vestigios grecorromanos. Artistas como Brunelleschi o Miguel Ángel hicieron viajes de estudio a Roma, junto con otros muchos más artístas, con la finalidad de reflejar el ideal de belleza en el arte moderno.
El papel de las academias durante la Edad Moderna fue muy determinante para la protección, estudio, catalogación y difusión de los monumentos grecorromanos.
Con la llegada de la Edad Contemporánea se amplió la valoración de los bienes culturales. Un ejemplo es Carlos I de España, quien dictó normas para proteger los monumentos precolombinos de América.
El siglo de las luces culminó con una mirada crítica hacia el pasado histórico artístico, cuyos testimonios empezaron a protegerse con leyes. Las acciones colocaron a la cultura en una posición de auténtico protagonismo. Las expediciones científicas, las excavaciones arqueológicas y el redescubrimiento de la Antigüedad a través de las corrientes neoclásicas y románticas a lo largo del siglo XVIII, ayudaron a una creciente valoración del patrimonio histórico, que en el siglo XIX empezaría a ser objeto de atención por parte de la burgesía.
Entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX los museos dejaron de ser almacenes de obres de arte, antigüedades y objetos curiosos, de difícil acceso, para mostrarse al país. Los descubrimientos arqueológicos de Pompeya, Grecia y Egipto tuvieron como resultado la aparición de miles de objetos procedentes de civilizaciones desaparecidas que pasaron a formar parte de los fondos de muchos Estados europeos. Se incrementó el expolio. Uno de los museos que más obras de arte consiguió fue el Louvre, considerado el primer museo nacional de Europa en 1793.
La revolución francesa trajo consigo una nueva valoración del patrimonio histórico. Se pasó del coleccionismo de antigüedades a la nacionalización de los objetos con el fin de ponerlos al servicio del pueblo.
A partir de enntonces los bienes culturaes se consideraron elementos significativos de la nación. Los museos trataron de dar a conocer a la gente las obras de los grandes maestros, así como se tomaron medidas de protección y difusión de la cultura. Sin embargo, es cierto que en general, los bienes culturales siguieron siendo accesibles solo para una minoría aristócrata y burguesa.
El Romanticismo logró por fin establecer una vinculación emocional entre las personas y su pasado histórico artístico. Los monumentos constituían objetos concretos que sirven para plasmar la cultura en común. Este movimiento artístico e histórico, el Romanticismo, apareció cargado de una fuerte conciencia nacionalista. En contra del clasicismmo, el Romanticismo buscó el ideal de arte en el pasado medieval.
En cuanto a lo que he mencionado anteriormente de objetos cargado de un fuerte nacionalismo, un ejemplo es por ejemplo el Alcázar de Toledo. Al acabar la Guerra Civil se rehabilitó y se convirtió prácticamente en una razón de Estado. Era una forma de homenajear a los caídos por el bando franquista durante la contienda.
La verdadera recuperación y valorización del patrimonio histórico se desarrollo durante el siglo XIX por medio de tres causas:
– Una interpretación ideológica que dotó a los monumentos de una fuerte carga emocional y simbólica.
– Un progresivo interés turístico por conocer el patrimonio cultural de cada país.
– El desarrollo de la Historia del Arte como disciplina científica para el estudio de los monumentos y obras de arte.
Poco a poco se pusieron en marcha iniciativas de difusión cultural, tales como leyes destinadas al cuidado y conservación de los bienes culturales, entre las que destaca la Ley de Protección del Tesoro Artístico Nacional, de 1933.
El alto grado de expolio y destrucción que alcanzó el patrimonio artístico al término de la Segunda Guerra Mundial provocó la urgente necesidad de su reconstrucción. Se desarrolló una participación cada vez mayor por parte de todos los sectores sociales hasta día de hoy.

 

Artículo extraído de “Evolución del concepto y la significación social del patrimonio cultural” de Josué Llull Peñalba.
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