Llamas en el recinto del Museo Egipcio de El Cairo

El recinto del Museo Egipcio, que custodia la mayor colección de antigüedades del Antiguo Egipto existentes en el mundo, ha registrado llamas, al parecer por cócteles molotov lanzados por los participantes en los enfrentamientos que se registran en la plaza Tahrir en el centro de El Cairo, según la cadena de televisión qatarí Al Yazira.
Fuentes de los servicios de seguridad del museo dijeron a Efe que el fuego no afectó al edificio, sino a los jardines que rodean al museo. Según Al Yazira, decenas de cócteles molotov están siendo lanzados contra uno de los flancos del museo y desde las azoteas de edificios cercanos.
“Son malas noticias”, afirma Francisco Martín, director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Para el egiptólogo, el hecho de que se hayan lanzado cócteles molotov demuestra que el principal objetivo de los ataques “es el ánimo de destrucción de la cultura faraónica por parte de islamistas radicales” y no un simple robo para dar salida a las piezas en el mercado negro.       El museo custodia la mayor colección del mundo sobre el Antiguo Egipto -con más de 120.000 piezas en exposición, más las almacenadas- lo que le confiere un valor incalculable. Además, realiza el control de las excavaciones arqueológicas en el país. Fue fundado con el fin de proteger las antigüedades de los saqueos.
Entre las maravillas que alberga, destacan la totalidad de los objetos de la tumba de Tutankamon, entre los que se incluyen su máscara funeraria de oro macizo y que están dotadas de mayores medidas de seguridad como arcos de detección de metales, así como piezas claves como la Paleta de Narmer o las tablillas cuneiformes conocidas como ‘Cartas de Amarna’.
Vitrinas rotas, estatuillas hechas pedazos y dos momias destrozadas del Museo Nacional Egipcio eran hasta ahora algunas de las antigüedades que han sido dañadas por los actos vandálicos ocurridos el pasado viernes. El egiptólogo explica que la destrucción de éstas dos momias “es una pérdida enorme ya que fueron descubiertas en una tumba intacta a comienzos del siglo XX en el Valle de los Reyes”.
A pesar de los saqueos, que para Martín han enseñado lo peor del pueblo egipcio, el cordón humano para proteger el Museo ha mostrado la cara positiva de los enfrentamientos. De la misma opinión es el crítico Luis Antonio de Villena para quien está acción ciudadana está más que justificada debido al valor museístico de la colección: “El Museo Nacional Egipcio puede compararse con el Louvre o el Prado. Si desapareciese perderíamos el conocimiento de la cultura del Antiguo Egipto”.
Una pérdida irreparable
Mientras que para el egiptólogo, la saturación de piezas en las salas aporta un “encanto decimonónico al museo”, el crítico ve su lado negativo ya que supone una sensación de poca seguridad. Ya no en términos de protección ante un saqueo, sino también contra posibles incendios u otras catástrofes. “Por su antigüedad, sería muy fácil de destruir”, afirma. Y apunta más: “En una sala abarrotada de piezas es más fácil causar más daño que en una sala con muy pocas obras”.                                     “La pérdida de estas piezas sería irreparable”, insiste Villena, que comparte la opinión de Martín en que el origen de los saqueos sólo pueden explicarse de dos formas: o bien que unos ladrones, aprovechando las revueltas que vive estos días el país, hayan querido robar piezas para venderlas en el mercado negro o, la más grave de todas, “que los islamistas radicales entiendan que estas figuras pertenecen a una religión de idólatras y por ello deben ser destruidas”. Una teoría que parece ir cobrando fuerza.
En cualquiera de estos dos casos, “el Museo es uno de los grandes atractivos del país y su desaparición supondría perder el 50% del turismo en Egipto”, apunta.
Uno de los museos más importantes del mundo que, sin embargo, se ha quedado anclado en el pasado. Para el crítico literario el Museo Nacional Egipcio “es un museo del siglo XIX que no ha pasado por un proceso de modernización. No hay un orden museístico moderno. En cada sala hay una acumulación de piezas que resta valor a las mismas y que hace que el visitante no sepa donde dirigir la mirada. No entiendo como la UNESCO no ha llamado la atención al museo”.

Fuente de información: El mundo

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