Descubren datos claves de la evolución del cerebro

El jurásico temprano es el momento de la prehistoria en el que los dinosaurios comenzaron a convertirse en gigantes. Pero había otra cosa que también se estaba haciendo más grande: los cerebros de los protomamíferos. Y puede haber sido porque el olfato y el tacto eran vitales para su supervivencia.
En los años ochenta, el paleontólogo Timothy Rowe visitó la colección de fósiles de la Universidad de Harvard con un pedido: quería abrir el cráneo de un diminuto mamífero de 190 millones de años de antigüedad para determinar la forma de su cerebro.    Los curadores de Harvard abrieron los ojos y arquearon las cejas. “¡De ninguna manera! -dijeron-. Antes o después tendremos técnicas no invasivas para contestar esas preguntas.” Esos fósiles eran tratados como un Rembrandt o un Vermeer, pero tres décadas más tarde Rowe y su equipo de la Universidad de Texas en Austin utilizaron tomografía de alta resolución para crear mapas tridimensionales de los cráneos de dos mamíferos antiguos. Los moldes digitales sugieren que sus cerebros evolucionaron para permitir el desarrollo de sus sentidos del olfato y el tacto.
Rowe examinó fósiles jurásicos de la China, antecesores de los verdaderos mamíferos, una especie que tiene el cerebro grande en relación con su cuerpo comparada con otros animales. La diferencia está en el neocórtex, un área del tejido cerebral de seis capas, mucho más grande y más compleja que en otros animales.
El cráneo que analizó Rowe muestra dos prominentes “chichones” sobre la frente: los bulbos olfatorios, donde se procesan los olores. Los bulbos eran mucho más grandes de lo que se esperaría, lo que sugiere que el olfato era extremadamente importante para los mamíferos tempranos.
Dentro de los pliegues de esos cerebros los investigadores encontraron evidencia de sólidas capacidades de coordinación y un agudo sentido del tacto. Rowe supone que los animales dependían de folículos pilosos especializados, conectados con nervios, para conocer su medio ambiente, del mismo modo en que hoy algunos mamíferos utilizan sus bigotes.
“La historia de la evolución de los mamíferos es la del desarrollo del más sensible sistema olfatorio de alta resolución -dice Rowe- y, como consecuencia, el sentido del tacto y las capacidades motoras.”
“Es un trabajo hermoso -dice Lori Marino, que estudia la evolución del cerebro de los mamíferos en la Universidad Emory, Georgia-. Su importancia radica en que hasta ahora no teníamos mucha información de qué partes del cerebro se habían expandido en los diferentes grupos. Le da otra respetabilidad al olfato.”
“Tener un gran sentido del olfato también es consistente con la idea de que estos mamíferos eran animales nocturnos -concluye Rowe-. Se cree que los dinosaurios eran más activos durante el día y dormían de noche. Entonces es cuando salían los mamíferos. Si uno tiene un gran olfato, no importa si está oscuro.”
Fuente de información: La nación
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