Comparativa de Alejandro III Magno y Julio César a partir de “Vidas paralelas” de Plutarco

Partiendo de la obra de Plutarco “Vidas paralelas: Alejandro-César”, analizaremos la biografía de Alejandro III Magno y Julio César, ambos grandes conquistadores de su época. A partir del libro podemos encontrar tanto puntos en común entre tan conocidos personajes como diferencias que les confiere una identidad única.

Puntos en común

Ambos son grandes estrategas militares que han dejado constancia en destacadas batallas donde han sido ganadores (destaca la lucha de Alejandro contra Darío y César contra Pompeyo). Recordemos, en el caso de Alejandro, la cita donde lucha en Gaugamela contra Darío, (Plut., Alex., 20, 8-9) “Siendo inferior en número ante tal magnitud de bárbaros, no les dio ocasión de rodearle, y él mismo, desbordando con su ala derecha la izquierda del enemigo y situándose en su franco, puso en fuga a los bárbaros que tenía frente a sí”. En el caso de César, durante su estancia en las Galias, (Plut.,Caes., 15, 2-5) “Allí tuvo ocasión de relevarse como un guerrero y estratega en absoluto inferior a los generales más grandes y admirados del pasado; es más, si se lo compara con los Fabios, los Escipiones o los Metelos, con los militares de su tiempo de la época inmediatamente anterior […], con sus hazañas César sobrepasaba a todos ellos, al uno por la dificultad de los lugares en que combatió, a otro por la extensión de tierra conquistada, a éste por el número y la fortaleza de los enemigos vencidos, a aquél por la singularidad y doblez de los pueblos que se supo conciliar, al uno por su moderación y mansedumbre para con los prisioneros, al otro por sus regalos y favores hacia sus compañeros de campaña, y a todos por el gran numero de batallas libradas y de enemigos aniquilados”.

Tanto Alejandro Magno como Julio César han conseguido conquistar un basto territorio.

El uno y el otro han mostrado en múltiples ocasiones una gran resistencia a la fatiga en situaciones extremas y en combates. Destaca en Alejandro la cita (Plut., Alex., 40, 4-5) “él mismo se esforzaba más aún en los ejercicios militares y en las cacerías, sufriendo penalidades y afrontando riesgos. En el caso de Julio César, (Plut., Caes., 17, 2) “[…] y en segundo lugar, porque él se sometía gustoso a toda suerte de peligros, sin echarse atrás ante ninguna penalidad”.

Los dos han sido y son considerados los dos grandes conquistadores del mundo griego y romano respectivamente.

Ambos querían conseguir la gloria por si mismos, no les gustaba compartir sus triunfos. Queda reflejado en Alejandro (Plut., Alex., 4, 5-6) “consideraba que cuanto más recibiera de su padre, tanto menos podría conseguir por sí mismo”. En el caso de César, cabe mencionar cuando se propone someter Britania (Plut., Caes., 23, 4) “César se propuso someterla y llevar así la dominación romana más allá del mundo conocido”.

Tanto uno como otro comparten una ambición desmedida, son prepotentes y pretenden ser descendientes de dioses.

Se muestran muy resueltos y firmes en sus objetivos, seguros de si mismos y bondadosos tanto con sus soldados como con el enemigo. Se distinguen en la obra de Plutarco numerosos sucesos donde dan muestra de su bondad. En el caso de Alejandro, su comportamiento con la mujer e hijas de su enemigo Darío y en el caso de César cuando, una vez librada la batalla contra Pompeyo, perdona a Bruto y le concede títulos y honores. (Plut., Alex., 21, 2-5) “Con los sentimientos más puestos en la desdicha de ellas que en su propia buena suerte, despachó a Leonato para que les dijera que Darío no había muerto y que no tenían que tener miedo de Alejandro, pues si luchaba contra Darío era por el imperio, pero ellas disfrutarían de todas las consideraciones de que eran objeto bajo el reinado de aquél. Y si estas palabras les parecieron amables y honestas, su gesto les resultó todavía más lleno de humanidad: les concedió el permiso de enterrar a cuantos persas desearan, sirviéndose para ello de vestidos y ornatos tomados del botín, y no sólo no les suprimió nada de la servidumbre y honores que tenían, sino que incluso pudieron disfrutar de mayores recursos que antes”. (Plut., Caes., 57, 5) “perdonó a muchos de los que habían peleado contra él y a algunos incluso les confirió cargos y honores, como es el caso de Bruto y Casio, que fueron ambos pretores”.

Ambos conciertan matrimonios de conveniencia por intereses políticos o militares y se muestran como personas castas ante el sexo femenino, por el cual no sienten una fuerte atracción. Ninguno de los dos permite que el amor le descuide de sus ocupaciones políticas y militares. (Plut., Alex., 4, 8-9) “En lo que toca a los placeres corporales se mostraba inflexible y hacía uso de ellos con gran parsimonia”. En el caso de César, a pesar de que la primera impresión que tiene con Cleopatra es instintiva, rápidamente deja a un lado los sentimientos y la considera una gobernante más de Roma, llegando incluso a hacerla reina de Egipto (Plut., Caes., 49, 3-4) “la reconcilió con su hermano a fin de que compartiera el reino con él”.

Tanto Alejandro Magno como Julio César son supersticiosos y recurren a las profecías en múltiples ocasiones antes de librar batallas o construir una ciudad. Es necesario señalar en el caso de Alejandro el ejemplo de la fundación de la ciudad de Alejandría o en el caso de César, la profecía antes de la batalla librada contra Pompeyo donde es famosa la frase “Alea iacta est” (en Plut., Caes.,  32, 8. “Lancemos el dado”)

Ganaron la batalla más destacada (Alejandro contra Darío y César contra Pompeyo) en inferioridad numérica gracias a una buena estrategia de combate.

Ambos se muestran preocupados por el bienestar de su imperio.

Diferencias

Alejandro Magno es de constitución más fuerte, en cambio Julio César se presenta como una persona más débil a nivel físico.

Alejandro se nos presenta como una persona muy impulsiva, apasionada, irracional incluso, mientras que César aparece descrito como alguien mucho más calculador y más meticuloso en sus acciones. De esta diferencia hay que señalar múltiples episodios de Plutarco donde dan muestra de su personalidad. Así, en el caso de Alejandro, destaca el pasaje de doma de Bucéfalo (Plut., Alex., 6, 1-8) , la puesta en libertad de la hermana de Teágenes (Plut., Alex., 12, 4-6), descripciones en la obra de Plutarco como (Plut., Alex., 26, 14) “Alejandro era difícil hacerle desistir de uno de sus proyectos, fuera el que fuese; y es que la fortuna, cediendo a sus empresas, le confirmaba en su determinación, y por otra parte la vehemencia con que llevaba a término sus acciones hacía invencible su ambición”. Otros episodios de igual mención son la lucha de los “dobles” de Alejandro y Darío (Plut., Alex., 31, 4-5), la prueba de la sustancia nafta en uno de los criados (Plut., Alex., 35, 7-9), prender fuego a la casa de Jerjes tras lo cual se arrepiente (Plut., Alex., 38, 7-8) o el episodio de disputa entre Alejandro Magno y Clito, acabando la discusión con la muerte de Clito (Plut., Alex., 50, 1-11; 51, 1-11; 52, 1-2). En el caso de Julio César, vemos acontecimientos que pretenden agradar al pueblo y ganarse su favor, lo que nos remite a la diferencia comentada en carácter con Alejandro. Hechos como el elogio fúnebre que hace César en honor de Mario y del que obtiene el favor del pueblo (Plut., Caes., 5, 1-5) “[…] ello le granjeó una cierta simpatía y contribuyó a que la mayoría, compadeciéndose de su dolor, le cobrara afecto y lo tuviera por un hombre sensible y lleno de cualidades”., o cuando hace modelar en secreto imágenes de Mario y de la Victoria y las colocó en el Capitolio (Plut., Caes., 5, 9). Destacan igualmente los numerosos discursos sumamente estudiados que pronuncia y de los que quedan plasmadas frases como “César estaba diciendo lo que pensaba, pero otros creen que lo hizo para agradar al pueblo, que estaba decidido a salvar a Clodio” (Plut., Caes., 10, 10-11), o “planteando, para agradar a las masas, la fundación de colonias y el reparto de tierras”  (Plut., Caes., 14, 2), “César tenía la secreta intención de adueñarse todavía más de la influencia de Pompeyo” (Plut., Caes., 14, 7). Otro episodio es cuando Catón está en contra de las medidas tomadas por César y Pompeyo de uniones matrimoniales y César decide encarcelarlo. Sin embargo, viendo que su acto era mal visto, remitió y le dejó en libertad (Plut., Caes., 14, 11-13).

Alejandro, por un lado, busca crear un imperio multicultural entre persas y macedonios, acogiendo las costumbres de unos y de otros, mientras que César pretende construir un imperio subyugado bajo el mandato de Roma. (Plut., Alex., 47, 5-6) “Alejandro se acercaba cada vez más a las costumbres vernáculas al tiempo que intentaba que los persas hiciesen lo mismo respecto de las costumbres macedonias, pues consideraba que la mezcla y la comunidad de vida, conseguidas con benevolencia, eran mejores bases para un imperio que la fuerza bruta […]”.

Alejandro murió por una enfermedad, por fiebres, aunque hay quien no descarta un posible envenenamiento, mientras que con César, sí aparece reflejado su asesinato: un complot del Senado y la traición de Bruto. (Plut., Alex., 77, 5) “La mayoría de autores creen que la historia del envenenamiento es pura invención, y tienen como prueba nada desdeñable lo siguiente: mientras, durante muchos días, los generales disputaban entre sí, el cadáver, que yacía descuidado en un lugar de un calor sofocante, no mostró señales de una muerte semejante, antes bien, se conservó puro y fresco”. (Plut., Caes., 64, 5) “En todo caso, si estás completamente decidido a sacrificar esta jornada, mejor será que te presenten en el Senado para el aplazamiento de la sesión. Y a la vez que Bruto decía esto, cogía a César por el brazo y se lo llevaba. […] Entonces Tilio agarró con ambas manos su toga y se la bajó, dejándole el cuello al descubierto, lo que era la señal convenida para comenzar el ataque. […] Tras este comienzo un escalofrío de terror se apoderó de quienes nada sabían de la conspiración, a la vista de lo que sucedía, y no se atrevieron ni a huir ni a defender a César. […] Se dice, en efecto, que fueron veintitrés las que recibió; muchos de los conjurados se causaron heridas entre ellos al asestar tal cantidad de golpes sobre un mismo cuerpo”.

 

César muestra, además de buenas dotes militares, mejores aún para la oratoria mientras que Alejandro es mejor estratega. (Plut., Caes., 3, 2-3) “César tenía inmejorables condiciones naturales para la oratoria política y que ejerció este talento natural con tan gran ardor que, incontestablemente, ocupaba el segundo puesto, pues al primero había renunciado a fin de consagrar su tiempo a ser el primero por la fuerza de las armas […]”

César hace muchos de sus actos en función de la opinión del pueblo romano, con el fin de agradarles y conseguir su apoyo, mientras que Alejandro hace todo mucho más acorde a su propio criterio.

Alejandro se hace con las riendas del imperio griego con apenas 20 años de edad mientras que César lo hace mucho más tarde.

 

Bibliografía

PLUTARCO, (2010) Vidas paralelas: Alejandro-César. Editorial Gredos, Madrid.

 

© Artículo realizado por Cristina Fernández Marín. Todos los derechos reservados.

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